Placeres low cost

Todo el día con los ERTES, con Fernando Simón y con la desescalada en la boca pero nada se habla de los placeres low cost que nos está regalando esta cuarentena y de los que, por lo que veo, pocos de nosotros sabemos disfrutar, coronazones.

El primer placer pandémico es descubrir que ningún otro es comparable al que te proporciona Instagram con el bloqueo, esa función orgásmica de triple acepción:

1- Bloquear a disminuidos sexuales que envían fotopollas


2- Bloquear también a deficientes mentales que te preguntan la edad.


3- Gozar como una perra al comprobar que ciertos enfermos con minusvalía emocional -de esos que ya has bloqueado en todas las redes y necesitan terapia para sanar traumitas de su infancia- siguen stalkeandote y van y creen que no te enteras. La felicidad era esto, señoras y señoros, onanismo virtual extremadamente gratificante a bajo coste y sin cargo de conciencia.

También se te ponen los pezones duros cuando recuerdas que ya no tienes que llamar a la policía a las 3 de la mañana porque el piso turístico de tu vecina la del 1º Izquierda -que no recuerdo su nombre, cachis- sigue y seguirá vacío gracias a la pandemia. Muy placentero y sanador, casi tanto como sentirme asilvestrada y decidir que no me tiño el pelo, otra semana mas.

Pero uno de los placeres low cost más intensos de esta semana se desencadenó justo después de escuchar Intermitente, el nuevo single de El Grajo. Pensé que sería una idea estupenda subir a la terraza y grabar un vídeo intensito con la canción para que pudierais sumergiros en mi complejo universo emocional de ser de luz (sí, ya os lo dije, ahora soy un ser de luz). Pero llovía, me desorienté muy fuerte y no conseguí dejar de hacer el imbécil. Al final no se sabe muy bien si me persigue una avispa asiática o estoy sufriendo un ataque de epilepsia pero el nivel de sudapollismo alcanzado fue bastante satisfactorio. Aquí en el vídeo podéis comprobarlo.

Hacerte la estrafalaria porque te mola parecer especialita incluye hacerte fotos mientras llueve, sí o sí. Porque sí. Y también porque ya te habías maquillado y tienes que aprovechar el contouring. Y porque tu stock de paciencia no te permite esperar a que deje de llover. Y porque sabes que si no las haces ya, luego no te va a apetecer. Y porque te ha pillado el toro y tienes que publicar algo en Instagram. Y porque te da la gana. Además, salen de fondo las bragas de tu vecina y sientes que la vida es maravillosa.

Terraza Madrid Blog
Hago cosas de gente rara como hacerme fotos cuando llueve.
A veces como mandarinas

Pero descubres que la dicha es absoluta cuando te das cuenta de que todavía quedan cervezas frías en la nevera que no son las de marca Día y te abres la tercera sin remordimientos porque piensas que, total, el futuro es incierto y tú estás perturbada, el delirium tremens post cuarentena seguro que está magnificado y además ya no tienes nada que perder porque ni siquiera tienes trabajo. De pronto te sientes plena y brindas por tu mente lúcida, capaz de inventarse 20 argumentos inconsistentes por segundo para justificar el alcoholismo, brindas porque ya te importa una mierda depilarte las ingles o no y brindas también por esa cana púbica que descubriste ayer y que hoy necesitas hacer pública.

Estás muy agradecida al universo de que sea gratis ser como eres, debe de resultar agotador ser limpia y ordenada. Y también muy frustrante porque te impide regocijarte cuando observas cómo las pelusas negras engendradas por los pelos de tus perros negros hacen carreras por tu pasillo blanco. El gustazo de saber que no las vas a aspirar ahora y mañana tampoco porque hace cinco semanas que te convertiste en un ser de luz que ha aprendido a trascender las banalidades del mundo, no tiene parangón.

El tema del ser de luz lo cuento otro día. De momento os puedo adelantar que como tal, he aprendido a volar. Bueno, volar, lo que se dice volar, volar, volar… no vuelo. Mira:

Volar de El Kanka

Siento un placer inmenso por la ropa nueva que no me voy a comprar. El instinto de supervivencia que mi mente enferma ha desarrollado para hacer frente al apocalípsis, me está obligando -junto con mi precaria condición de autónoma freelance- a prescindir de todo lo material que no sea de primera necesidad. Y me gusta, me gusta mucho, tanto que acabo de desarrollar un estrategia para hacer frente a esta crisis con moda low cost. Os la cuento con detalle ahora mismo pero antes tengo que decir que me siento muy feliz al releer todo esto y tener la absoluta certeza de que si lo ve alguna de mis ex clientas -de esas que se llevan a su filipina a la mani chunga del barrio de Salamanca- va a escandalizarse 487 veces y eso me gusta tanto o más que los dos besos repugnantes de compromiso que ya nunca jamás voy a tener que darle.

Moda low cost

El término «low Cost» es tendencia más que nunca. La crisis sanitaria nos ha reducido el presupuesto destinado a ropa, calzado y complementos, obligándonos a ahorrar. Pero mi estrategia de moda a bajo coste va más allá de las rebajas y de la ropa aburrida de aspecto barato. Desde hace tiempo viene percibiéndose un cambio de hábitos de consumo que nos estaban dando pistas pero la pandemia ha sido el detonante: los consumidores han cambiando su forma de consumir ropa, dan mayor importancia al ahorro y a aspectos éticos y sostenibles a la hora de comprar. Adquirir hábitos de consumo más sostenibles, consumir menos, ahorrar recursos naturales y reaprovechar las prendas que teníamos olvidadas es la clave.

1-Tiendas vintage. La ropa vintage no tiene por qué ser ropa usada, puede ser nueva pero tiene que tener varias décadas de vida (la confeccionada en las décadas de los 60, 70 y anteriores es la más buscada pero también se considera vintage la de los 80 y 90) Antes la ropa tenía una calidad muy superior a la de ahora por lo que la mayoría de las veces es sinónimo de ropa de calidad a coste más bajo pero hay que saber buscar. Piezas únicas con valor histórico a un precio reducido ¿no es tentador?. A mi me encanta Vintalogy, Flamingo Vintage Kilo y Underground Moda

2- Segunda mano. Ropa de organizaciones benéficas y solidarias que dan una segunda vida a las prendas y promueven su reutilización: La industria de la moda es la segunda más contaminante del planeta. Comprar en estas tiendas es un acto sostenible, muy económico y pueden encontrarse verdaderas joyas. Además las tiendas de ropa de segunda mano garantizan precios bajos, una relación calidad precio excelente, contribuir al desarrollo sostenible y coolaborar con proyectos humanitarios de cooperación. Acércate a Humana, Koopera, Piel de mariposa y además estarás ayudando a una buena causa

3- Ropa de otras temporadas. Si tienes presupuesto 0 y buscas alternativas a la compra, va a ser más divertido todavía. Rebusca en el trastero y recupera esas prendas que ya no te ponías, seguro que descubres ropa que te va a fascinar y que tenías olvidada porque ya te aburría o simplemente creías que había pasado de moda.

4- Armario de la abuela. Haz una excursión a los roperos de tí@s, padres y yay@s y empieza a probarte cosas mientras abres tu mente. No te sorprendas cuando encuentres tesoros maravillosos. Recuerda que la moda pasa de moda, reinvéntate, atrévete. Un sombrero, un traje de chaqueta de señor@ o un vestido de flores de abuela bien llevado es siempre fascinante ¿Existe una alternativa más barata y creativa?

5- Eclecticismo, buscar un estilo propio: Mezcla, inventa, disfrázate y darás en el clavo. Atrévete y combina colores complementarios (juega con el color block), texturas imposibles, estilos aparentemente contradictorios y estampados incompatibles, juega a la vez con los opuestos, con ropa de invierno y de verano, con prendas baratas y caras, con sandalias, calcetines y abrigos, con tu fondo de armario y con ropa prestada, con ropa moderna y ropa antigua, desconjunta, rompe normas y crea las tuyas, sé únic@, haz mestizaje y vuélvete un poco loc@. Descubrirás posibilidades infinitas que te ayudarán a encontrar tu estilo personal con ropa low cost.

Date el gustazo

Top deportivo de H&M, chaleco de flecos de Bershka de hace muchas temporadas y biker de Stradivarius. Collar y gargantilla de Koopera. Pantalón y botas vintage .