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Días raros

Ana Buzon Blog

Llevamos ya mucho tiempo viviendo días raros.

Odiar el positivismo para anormales que habita en los memes de facebook. Ver terrazas que se llenan de ganas desesperadas de cerveza y primavera, esa que nos robó el 2020. Abrir Instagram y no soportar a nadie. Escuchar conversaciones en la calle sobre criptomonedas que amenazan con provocar el ictus. Sentir que la crisis de mediocridad acecha cuando la gente presume en las redes de su vida de mierda. Trabajar. Agotarte. Aburrirte. Vegetar. Desear con lujuria un Lorazepam con muchas Alhambras.

Quiero pensar que es la pandemia y no los años, lo que me hace estar hasta el pepe de todo pero me preocupa este estado de saturación constante porque hacer cualquier cosa cuesta muchísimo: desayunar, entrenar, diseñar, comprar lechuga iceberg y Tampax Compact Súper, hacerme fotos para el blog.

Elegir un outfit, tarea frívola e intrascendente para muchos, se convierte en algo insufrible cuando miro los escaparates de Gran Vía y siento que la vida me ataca. Se ha perdido la frescura, la improvisación, la rebeldía de ser y vestir diferente. Y no me acostumbro, qué coño. Sí, lo sé, parezco la abuela cebolleta evocando con nostalgia la contracultura de los 80 pero juro que me enferma ver las tendencias de esta temporada y decidir qué narices me pongo sin parecer una papanatas alienada. En estos momentos de mi vida, sentirme en un patio de colegio rodeada de niñ@s monguers con babi idéntico, no es la mejor opción para mi salud mental. Quien dice colegio, dice convento de monjas. O Tuna. Ay mira, ya paro que me están entrando unas ganas inmensas de morirme.

La industria de la moda no me lo pone fácil, la uniformización como criterio estético es un concepto extraño e inversamente proporcional: a mayor acceso a la moda, peor viste la gente.

Y mientras, en las tiendas:

Gabardinas o trench. Dale con los trajes negros. Más sudaderas y pantalones de chándal, viva el sporty. Venga con los chalecos de punto. Vaqueros wide leg por doquier. Me sangran los ojos de ver camisas XL y gorras. Mira, yo es que así no puedo. Todo es más de lo mismo, las tendencias que nos impone la primavera 2021 hacen que me resulte muy complicado vestir de forma diferente para hacerme la extravagante así que he decidido olvidarme de la moda y tirar de fondo de armario. Y esa es la historia de este outfit.

Y no tengo nada más que añadir

Ana Paredokblog
Ana Arbol Blog
Plaza Okokokblog
Anapuntasok Blog
Sillon 1okblog
Anasueloblog

Camiseta: Brillo Te Chinchas
Zapatos creeper: Tuk
Calcetines Chopper Monster
Sombrero: H&M
Cinturón: Koopera
Traje de hombre muy old

La historia de mi pelo

Terapia #10. Me siento estilista. Tutorial de cómo mi pelo se magnifica
y queda graciosete.

Mi pelo es difícil de comprender. Cada rizo tiene vida propia y parece que va por libre pero sé que todos juntos cuando esnifan humedad, se flipan y conspiran para resolver la incompatibilidad existente entre la mecánica newtoniana y el electromagnetismo. Ya desde pequeña mi pelo apuntaba maneras pelopo y era mi propia madre la que me lo segaba sin piedad, impertérrita y repitiendo con voz robótica que no podía hacerse con él. Ahí empezó todo: mi pequeño gran drama de la infancia fue nacer con el pelo rizado, llevarlo a lo Antoñito y tener orejas de soplillo, algo incompatible ahora y en los 80. Ser un poco bruta y asocial no ayudó mucho a tener una infancia normal. Convertirme en una niña gigante y crecer hasta límites insospechados, tampoco.

Ana Alpuente 2
Mi pelo y yo cuando todavía no se habían inventado las mascarillas
Ana Alpuente 4.pelo
Mi pelo y yo hace muchos, muchos años en Benidorm

Pero lo gordo aconteció en la preadolescencia con el trauma de la primera comunión como detonante. El sagrado sacramento me hizo descubrir la estupidez infinita de la naturaleza humana y jurar que cuando fuera mayor me dejaría el pelo largo y nada ni nadie volvería a amputar mis rizos. Años más tarde, cuando vi la peli de La princesa prometida por primera vez, supe que mi destino era llevar el pelo largo (Ojo: era adolescente pero no gilipollas y ya tenía asumido que nunca sería ni rubia, ni dulce ni bella como Robin Gayle Wright)

Y esta es la historia de mi pelo. Si lo buscas en Google, aparece como antónimo de los adjetivos “suave”, y “sedoso”. Le gusta desafiar a las leyes de la naturaleza y hace que recién levantada me transforme en un anuncio de estropajos nanas. Cuando voy a la playa es si como todas las algas marinas de la Costa Blanca estuvieran reproduciéndose en mi cabeza y los días lluviosos parece que los nidos de cuatro cigüeñas descansan sobre mi cerebro. Pero nos llevamos bien y nos gusta contar de vez en cuando nuestra historia peluda de amor-odio.

Porque yo sé que cuando tenga 75 años seguiré con él. Y lo seguiré llevando largo. Y me lo teñiré de azul y/o de rosa. Y diré muchos más tacos. Y volveré a fumar porque total, ya me dará igual pillar un cáncer que tres y pa lo que me queda de estar en el convento, pues eso. Y desayunaré cerveza de marca blanca porque seré feliz pero pobre y también porque quiero morir como una vieja loca con rizos de colores, el hígado de oca y arrastrando el carrito de oxígeno portátil para poder alternar el Marlboro con la hipoxemia.

Feliz vida

Dav Vivid
Mi pelo y yo queriendo muy fuerte a Tina

De la vida y las fotos de mierda

A veces pasan cosas. Y no me refiero sólo a que llueva en una sesión de fotos y que ninguna valga una mierda, que también.

Este es un mensaje social para señoras con déficit cognitivo que no respetan mi espacio.

Existen cinco normas de educación no escritas en los vestuarios de un gimnasio. Quiero ponéroslo fácil, vamos a concretarlas una a una:

1- Al salir de la ducha, intenta secarte con discreción. Soy de arcada fácil y mi odio emerge si te frotas con entusiasmo los esfínteres.

2- Cuando tengas que ponerte o quitarte las bragas, siéntate y coloca tus glúteos mirando a la pared para no introducírmelos en la cara a mí (tu compañera de taquilla) cuando te agachas. Supones bien: no tengo ganas de que se me enrede en el pelo tu hilo del tampax ni de hacerte un cunnilingus.

3- Si tienes que ponerte tus cremitas y tus mierdas, aplica lo mismo que en el punto 2 pero además evita abrir las piernas y untarte los potingues haciendo el espagat, quizás tampoco me apetezca verte las trompas de falopio.

4- Lo sé: crecer es descubrir a bocajarro y sin tiempo para sorprenderse, el extremo riesgo de vivir pero por diosito, intenta reprimir tus putas ganas de cortarte las uñas de los pies.

5- Es viernes y asumo que sólo quieres lubricar viendo a Bertín Osborne (después de haberte realizado con Sálvame naranja, Sálvame limón y Sálvame banana) pero necesito que te concentres para recordar siempre lo más importante: si rozas mi cuerpo con tu toalla, tendré que matarte.

De nada.

Canción Hoy será un día horrible de @confetideodio

El extremo riesgo de vivir o cómo hacer fotos de mierda

Sí, llovió. Sí, me mojé
Opción A: ¿Puede una camiseta ser odiosa y guay a la vez? Intento de salvar una foto cortando la cara
Opción B: Hacer como que no llueve y que además la foto salga borrosa
Opción C: meterte en un garaje y hacerte la underground
Opción D: hacerte fotos pegada a la fachada para no mojarte el traje
Sin comentarios
Opción E: Resguardarte en un parking público y sugestionarte. Las fotos sin luz son más artísticas
Pues eso

Traje de chaqueta de @mango camiseta y botas militares de @zara. Cinturón de @machinebybassico y pañuelo vintage

Making of

Terapia 9. Mis haters (II)

Venga, segunda parte de Mis haters


Transcribo:

-Te comes los mocos?!??!
-Tengo un problema, no sé si es una oración afirmativa o interrogativa (Escríbeme luego y si eso, me lo aclaras)
– Este es muy simpático: Veo todos tus vídeos y no ay (sin h) uno solo que me guste. Eres lo peor.
– Pa’qué los ves? Pa’qué los ves todos si ya sabes que no te van a gustar? Hijo mío deja de mirarlos!
– Este dice: Seguro que tienes piojos porque tienes el pelo de estropajo.
-No, tengo el pelo de polla. ¿No crees? Mola, eh? No crees que es de polla? Yo creo que es de polla. Polla, polla, polla, polla, polla, polla, polla, polla, polla…
– Eres ordinaria y das asco. Si sigues haciendo pesas, te va a salir poya (con y) – Polla, polla, polla, polla, polla, polla, polla, polla, polla, polla, polla, polla… Bueno, este debe de tener un doctorado en medicina. Di que sí, está demostrado.
– Vas de joven, y tienes unas arrugazas que lo flipas ???
– Claro que tengo arrugas. Además, por tus comentarios, yo creo que podría ser tu madre.